domingo, 6 de marzo de 2011

“EL CAMINO ESTÁ A LA IZQUIERDA”

“EL CAMINO ESTÁ A LA IZQUIERDA”
LA ORGANIZACIÓN OBRERA NO ES LIGA DE RESIGNACIÓN.
Si el movimiento obrero mexicano fuese una sociedad mutualista, yo convengo en que la única actitud posible de la clase trabajadora sería la de la resignación ante lo imposible y ante lo inevitable. Si nuestro propósito al unirnos hubiera sido el de dar una moneda para enterrar a un camarada que fallece; si nuestro objeto hubiese sido el dar otra moneda cuando la mujer de un compañero va a tener un hijo; si nuestro fin hubiese sido el de restar una parte de nuestro salario para entregarla al camarada que enferma; si nuestro fin hubiese sido no transformar el régimen burgués, sino vivir lo menos mal dentro de ese régimen, sin intentar tocarlo, yo acepto que la única línea de conducta del proletariado sería la de transigir, transigir, transigir, como el que va a ser fusilado y que pide una tregua de unas horas para gustar un poco más de la vida o para emplearlas en la meditación. Pero no hemos nacido sociedad mutualista ni organismo contemplativo. No hemos nacido para incorporarnos en un sistema social organizado por otros y que nosotros tengamos que aceptar como bueno; hemos nacido, naturalmente, para ir viviendo todos los días, para ir capeando el temporal, como diría un marinero; pero, además, nacimos para transformar, para contribuir a transformar el régimen imperante. Si nosotros no tomamos en cuenta esta situación; si olvidamos en todos los momentos de la lucha que el trabajador tiene una doble misión: vivir, pero vivir de tal modo que su vida contribuya a la transformación del régimen capitalista; si lo olvidamos y por nuestro afán de vivir todos los días contribuimos a que el régimen se afiance, EN LUGAR DE HACER UNA LABOR REVOLUCIONARIA, SÓLO HABREMOS HECHO UNA LABOR DE ACÓLITOS DEL RÉGIMEN CAPITALISTA.
Muchos se ríen de nosotros, sobre todo nuestros enemigos, lo que se sienten ilustrados. “Sí –dicen- cuando oímos hablar a Lombardo Toledano o a cualquier otro de estos directores de las organizaciones obreras, nosotros pensamos que, dado el calor con que se expresan y las anatemas con que señalan la conducta de muchos, la sociedad se va a derrumbar, Sin embargo –comentan, con una ironía que quiere ser profunda y sabia-, no pasa nada. Son pobres ilusos, románticos, idealistas”. Esto nos dicen, cuando nos califican con bondad. En otras ocasiones, declaran: “Son líderes desprestigiados, fracasados, que quieren vivir de los obreros”. Yo soy quien los compadece: dudan de nuestra fuerza moral, porque ellos no la tienen. Esa gente no tiene fe en el ideal, como nosotros, porque nunca han tenido un verdadero ideal. Esa gente cree que teniendo el Poder Público en las manos y el Ejército y el dinero, se puede permanecer impunemente en el tiempo y en el espacio, y se equivocan. Nosotros nacimos desarmados y vivimos desarmados; todo el mundo lo sabe. No tenemos tampoco dinero qué oponer a la fortuna de la Nación; no administramos el Tesoro Público. Estamos inermes en el sentido literal del término y pobres por la cuantía de nuestra fortuna metálica; pero en cambio, ¡qué grande es nuestra fuerza espiritual, qué enorme es nuestro destino, camaradas! Y los que duden todavía de la eficacia del ideal frente a la fuerza aparente de los magnates políticos y de la fuerza contundente de las bayonetas y del poder del dinero, que compra conciencias y hace la felicidad material de algunos hombres, que repasen en su memoria los episodios más grandes de la humanidad. ¿Quiénes han hecho los movimientos que han transformado la ideología y la estructura de los pueblos?
No fueron los hombres calculadores de la situación. Los reformadores, los revolucionarios, los que han subvertido a las sociedades humanas, han sido los que no han tenido más fe que en el valor del ideal. La idea, cuando es justa y se ha sentido dentro y se ha lanzado a actuar, traspasa todo, derrumba todo, todo lo allana, adereza todos los caminos, amplía todas las sendas y construye todo lo que es posible y capaz de construir el hombre.
No nos da pena, pues, presentarnos como idealistas, como sostenedores de utopías frente a un momento de crisis.
Hace unas noches, el 18 de julio, comentaba yo con unos amigos la obra de Juárez. Yo decía que el juarismo está muerto, bien muerto como doctrina política. ¿Quién cree ya en la libertad abstracta del hombre? ¿Quién cree en el individuo como única realidad social? ¿Quién cree en la soberanía de entidades políticas y en la bondad de los frenos y contrafrenos como sistema de gobierno? ¿Qué es, por tanto, lo que sobrevive de la obra de Juárez? Un principio para mí es el único que sobrevive: el reconocimiento del derecho inmanente del pueblo de darse la forma de gobierno que le plazca; esto respecto de la obra jurídica; pero hay algo de Juárez que sobrevivirá eternamente SU EJEMPLO MORAL.
La Revolución de Reforma se inició y se desarrolló en condiciones mucho más difíciles que la Revolución Maderista. EL PUEBLO SIGUIÓ A MADERO EN MASA; EL PUEBLO NO SIGUIÓ A JUÁREZ EN MASA. EN UN PRINCIPIO EL PUEBLO ESTABA CON LOS CONSERVADORES, COMO TODO EL MUNDO SABE. Un pequeño núcleo de hombres preparados, virtuosos e impasibles, enamorados del ideal, hicieron de la utopía una bandera, la propagaron sin descanso y en el curso de los años el ideal de unos cuantos se convirtió en el ideal de las masas. Pero, para llegar a este fin, ¡cuántas veces tuvo Juárez que huír y aun que mendigar el pan extranjero! Su obra, por eso sólo, es la obra de un gigante. LO QUE JUÁREZ NOS ENSEÑÓ ES QUE LA TÁCTICA DE LUCHA EN LOS MOMENTOS DE CRISIS CONSISTE EN NO TRANSIGIR, EN NO TRAICIONAR LA CAUSA. Ese es el mayor servicio cívico que nos ha hecho el indio de Oaxaca. Por eso, camaradas, no debemos sentirnos solos en la consecución del ideal: no compartimos solos la creencia en el poder de la fuerza moral y de los programas que han de salvar a México en el futuro. Por lo menos en nuestra propia lista de hombres grandes de verdad, tenemos un ejemplo de luchador y de intransigencia espiritual: contamos con un maestro de idealismo.
¿Cuál debe ser, camaradas, repito una vez más, la conducta del proletariado organizado, si por una parte se ha vuelto a la derecha, que equivale a caminar hacia atrás, y por otra parte nos amenaza el yanqui como nunca y muchos desconfían de la fuerza de los grandes programas? La contestación única, la respuesta única que debe brotar de labios de un miembro consciente y sincero del proletariado mexicano es ésta: contribuir vigorosamente, dentro de los medios de táctica de lucha de la clase obrera, a la transformación del régimen burgués. No puede ser otro el camino. Mentira que nosotros podamos vivir y preparar una situación mejor para nuestros hijos si transigimos, si constantemente estamos de acuerdo en las transacciones y si POR MANTENER EL MENDRUGO DE HOY VAMOS A PRIVARNOS HASTA DE LA BRIZNA DEL PAN DE MAÑANA. Es mentira, camaradas, es mentira que sigamos un camino claro para el porvenir; es mentira que estemos sobre un camino cierto, sobre un terreno firme, si nosotros mismos contribuimos a que las cosas se obscurezcan, a que el horizonte se empañe. ¡El camino, camaradas, está a la izquierda; es el único camino de salvación!
Todo el mundo sabe que yo no soy comunista, y no soy comunista porque me ligue a los que temen al comunismo; yo no le temo, como no le temo a ninguna idea generosa, a ninguna idea nueva. No soy comunista, como ustedes tampoco, sólo porque creemos que la táctica de lucha del comunismo en México sería una táctica que fracasaría. Sin embargo, yo digo que el camino está a la izquierda, no a la izquierda comunista, ni a una izquierda que vamos a inventar: a la izquierda que tenemos impresa, pero olvidada, en los ESTATUTOS DE NUESTROS GREMIOS OBREROS DE MÉXICO. No vamos, pues a crear nada nuevo, camaradas; no vamos a revelar una cosa desconocida. Es la izquierda con la que nacimos; pero que hemos cambiado en derecha, y sería preferible, para que se acaben las tentaciones, si fuere preciso, desde hoy arrancarnos la derecha, para no ser mancos de izquierda.
Para concluir, camaradas (no deseo cansar más a la asamblea), ¿qué valor tiene el Informe de la Unión Linotipográfica, después de todo lo que he dicho? Los compañeros de la Unión manifestaron su inconformidad con los procedimientos empleados para concluir con la huelga de “Excélsior”. Lo que yo he inferido del descontento de los componentes de la Unión Linotipográfica, es que prefieren que se pierda una huelga, que se llegue al sacrificio de verdad, serio, antes que mancillar los postulados obreros y contribuir a que el régimen burgués se fortalezca y perdure en nuestro país. Por eso la indignación de los compañeros al decir: “¿De qué nos sirve obtener cien o más pesos, si ese dinero lo hemos conseguido a base de triquiñuelas de abogado, a base de transacciones de ideología, a base de pasos atrás en el terreno de la ética de lucha preconizada en nuestra Constitución? Es como si dijese un padre de familia necesitado de alimentos, como sus hijos, ante una suma de dinero que le llevara la hija que salió a la calle: ¿De qué me sirve, hija, que mitigues mi hambre y mi sed y la de tus hermanos, si te has prostituido?”
Cuando hay gestos como éste de la Unión Linotipográrica; cuando haya gestos como el de los estibadores de Acapulco a quienes se les ha arrebatado su trabajo sólo por pertenecer a la CROM y que vendieron ya sus casas, sus pobres chozas de pescadores, y ayer me decían en una carta que van a vender una máquina de coser que es lo único que queda en uno de sus hogares, y un bote de remos, para poder seguir luchando, pero que no transigirán con sus derechos legítimos, inatacables; cuando hay gestos como estos en México, uno debe enorgullecerse, camaradas de pertenecer al proletariado mexicano.
¡EL CAMINO ESTÁ A LA IZQUIERDA! El camino consiste en llegar a un régimen mejor que el actual. Yo preferiría que en este momento hubiera un régimen burgués, claro, terminante, definitivo, fuerte; sabríamos siquiera a qué atenernos. No hay peor manera de acabar con el empuje místico de los grandes movimientos populares, que simularlos Por eso los peores enemigos de los partidos socialistas en el mundo, son los partidos socializantes. No hay peores enemigos del proletariado mexicano que los que se dicen ser amigos de él y no lo son; porque establecen la confusión y la duda y algunos llegan a creer que es bueno transigir y esperar el momento propicio. El único momento propicio para transformar un régimen social, es el momento en que se tienen deseos sinceros de hacerlo. No hay otro. Las transformaciones siempre son propicias.
LAS ESPERAS, CUANDO EN EL ÁNIMO DE TODOS ESTÁ EL ANHELO DE UNA TRANSFORMACIÓN, SON CLAUDICANTES.
No quiero referirme, camaradas, a la parte técnico-jurídica de este informe. Yo, abogado, no quiero referirme a ese aspecto, porque la clase trabajadora tiene algo más importante que hacer que la interpretación de los artículos de las leyes tuertas, de las leyes llenas de lagunas o de los convenios escritos. El proletariado mexicano no debe tener más fe que en la interpretación casuística y jurídica de las leyes, en la interpretación de la conciencia pública y, al mismo tiempo, en su sentido de responsabilidad revolucionaria.
Felicito a la Unión Linotipográrica. Felicito a todas las agrupaciones de la Alianza de Artes Gráficas por mantenerse unidas, independientemente de los criterios que se sostengan frente a su porvenir.
Yo lo único que quisiera es que los camaradas que al margen de un problema como este, lanzan ataques y hablan de responsabilidades pasadas, futuras y presentes viesen que por encima de los intereses y equivocaciones de otros, está su sentido de responsabilidad de obreros socialistas. Si eso llegaran a sentir todos y no claudicaran, el porvenir sería inmediatamente nuestro; pero, por fortuna, los que claudican son muy pocos.
Yo creo, camaradas, que en el momento mismo en que la clase obrera actúe a la izquierda, desde ese mismo momento empezará, aunque sea tarde, a constituir una realidad la Revolución Mexicana.
Segmento del Discurso pronunciado por Vicente Lombardo Toledano, en el Frontón Nacional)
Revista Futuro No. 10 mayo de 1934.

INCORPORACIÓN DE LA LLAMADA CLASE MEDIA EN LA LUCHA DE CLASES
Al Honorable Primer Congreso de la Confederación General de Obreros y Campesinos de México.
SALUD:
Es frecuente oír no sólo entre las clases burguesas, sino entre las propias clases laborales, la afirmación de que existe una clase intermedia que constituye una especialidad en la formación social de nuestro pueblo y a la que inmediatamente se ha dado en llamar clase media.
Este error de apreciación que desde hace varios años trata de desterrar la clase obrera organizada de México, exponiendo que sólo existen dos clases, persiste aún y es necesario que este Primer Congreso defina claramente que la lucha social en México solamente es entre el proletariado y la burguesía, sin existencia de clase alguna intermedia que pueda clasificarse como factor ajeno a esta lucha.
No existiendo en México el Capitalismo en la forma organizada y clasificada perfectamente como lo está en Europa y no siendo tampoco un país neo-capitalista como los Estados Unidos de Norte América, no sucede en México, tampoco, el fenómeno de la pequeña burguesía que sí constituye en Europa una clase intermedia, con características y modalidades propias.
En México, nuestro capitalismo, por sus orígenes y organización no ha producido el fenómeno del pequeño burgués y solamente encontramos al industrial rico, al propietario, al terrateniente y al comerciante, que constituyen hoy en día el capital en México, y del otro lado, en contraposición, encontramos al obrero, al campesino, al empleado, al profesionista en su mayoría dependiendo económicamente de su prestación de servicios al capitalista y constituyendo, por ende, una clase proletaria a la que equivocadamente se ha denominado hasta ahora CLASE MEDIA por la imposibilidad de clasificarlos como capitalistas y el escrúpulo de catalogarlos entre los asalariados.
Tenemos, pues que por sus relaciones con la clase capitalista por el acercamiento, producto de las labores propias de la profesión o del empleo, los profesionistas a sueldo, los empleados de comercio y de las oficinas particulares, han tomado el nombre de CLASE MEDIA, agregándose a este conglomerado la burocracia, que por su alejamiento completo en la lucha de clases, ha sido también incluida entre la mal llamada CLASE MEDIA.
Esta clase, halagada por la burguesía que siempre manifiesta encontrar en ella cierta afinidad por educación, por ideología y por la convivencia misma en la explotación de los de abajo, ha llegado a creer firmemente que constituye una clase especial privilegiada y de importancia en la vida del país, a pesar de que nunca en las convulsiones políticas o sociales de México esta clase haya llegado a constituir un partido con tendencias o programa propio de su clase.
Los problemas que la clase llamada MEDIA tiene frente a sí, son muy grandes y su resolución cambiaría el modo de vida y la mentalidad que hasta ahora le ha sido imbuida erróneamente por la educación impartida por el Estado. El primer problema que se les presenta, el más urgente y el que sin duda en un poco más de tiempo transformará a esta clase, es el económico. Vemos el fenómeno del alza lenta, pero segura y progresiva de los jornales del obrero y del campesino y vemos también, cómo esta mejoría económica ha cambiado notablemente las condiciones de vida económica y moralmente de los trabajadores y cómo lentamente, el trabajador en general, ha subido notablemente su nivel social a partir de unos años a la fecha; vemos también cómo la ayuda para el obrero, por parte del Estado se acentúa cada vez más en distintas formas; ahora en sus condiciones contractuales impuestas por la Ley Federal del Trabajo, ahora por las seguridades de higiene y garantía en accidentes dentro de las factorías, leyes sinnúmero expedidas y que vienen aumentando el volumen del jornal del trabajador, que les releva de muchas gabelas y obligaciones que el propio Estado o el Capital, les había impuesto.
En cambio, la CLASE MEDIA por su condición misma y la índole de sus preocupaciones, está llena de prejuicios, obligaciones y compromisos que aunados a su alejamiento de la clase obrera y querer formar una clase superior, han traído como consecuencia de este error, encontrarse aislados y sin protección.
El empleo en términos generales, obligado por el PATRON mismo a tener un pié económico de vida superior al del obrero, sacrifica poco más del 50 por ciento de su salario; solamente en habitación y vestidos, sin que a esta exigencia, que cada día aumenta en proporción con la demanda cada vez mayor, consecuencia lógica del alza del jornal del obrero manual, corresponda un aumento proporcional en el salario que perciben hasta la fecha los empleados, que actualmente tienen los salarios que encontramos todavía hace quince años y sus condiciones de trabajo en poco han variado de las de aquella época, pues hasta ahora la mal llamada CLASE MEDIA, ha seguido incurriendo en el error, por no llamarlo traición, de creer que la garantía de su bienestar futuro y la garantía e sus intereses no está en sus manos, si no en la bondad y en la potencia omnímoda de los patrones.
Otro problema grave se presenta con la desocupación, originando que entre los empleados de comercio, del gobierno y los profesionistas a sueldo, sea donde reviste caracteres mucho más graves la desocupación, puesto que entre estos elementos, especializados en las labores propias de su ocupación habitual y sin conocimientos, ni costumbres de ninguna especie para los trabajos manuales, la desocupación no pueda solucionarse cambiando sus actividades, para utilizarlas en el capo o el taller, ya que su falta de preparación y aclimatación para estas actividades, así como su prejuicio de clase, hacen insoluble el problema, arrojando la CLASE MEDIA el mayor número en la desocupación y siendo en los casos de crisis, una víctima indefensa que sucumbe a la primera acometida.
La CLASE MEDIA desconectada de los trabajadores y manteniendo sus costumbres, sus medios de vida y hasta su mentalidad como una cosa propia y ajena al problema del proletariado, se ha creado una atmósfera, densa y llena de resquemores, temores y desconfianzas por parte de los trabajadores manuales que hasta la fecha, por tal circunstancia, no han hecho suyos los problemas de la clase media pero que precisa en los actuales momentos se haga por este Congreso, sacando de su marasmo y apatía a esta clase que con su abulia va constituyendo una rémora para los obreros manuales.
La mente de la clase llamada MEDIA, poco a poco ha ido siendo absorbida por la burguesía, al fomentar en ella la idea de que el profesionista y el empleado, por el hecho de haber recibido una ilustración mayor, componen una clase superior, inmediata a esa burguesía y por tanto, aunque en calidad de simple comparsa, ha de vivir copiando imperfectamente sus modalidades, sus pretensiones y sus pensamientos.
La Escuela, lugar en que se reciben la más fuertes orientaciones, por la limpieza espiritual de la juventud, es el factor más importante que ha venido manteniendo el espíritu conservador de la clase media, pues es allí donde el joven, hijo del empleado, educándose juntamente con el hijo del burgués siente la aspiración de igualarlo en el porvenir y la satisfacción inmediata de ser momentáneamente igual por el compañerismo, a una clase superior con la que inconscientemente por convivir con ella y pensar con ella, va sintiendo afinidad, a tal grado, de pensar que efectivamente, aunque sin dinero, su mentalidad y educación son burguesas.
Vemos que a costa de gran sacrificio, la llamada CLASE MEDIA procura que la educación de sus hijos sea en escuelas particulares, escuelas hechas para la burguesía y en las que el empleo, sacrificando una buena parte de su salario, mantiene a sus hijos, en la creencia de que una mejor educación y el contacto con futuros burgueses, son manera de prepararle un porvenir mejor y más seguro de éxito. Y así, los hijos del empleado o el profesional, va adquiriendo la noción de que sus conocimientos más amplios, le dan superioridad sobre el obrero manual.
Es pues en la escuela donde principalmente debe proletarizarse la mente del individuo, y es también por medio de las universidades obreras, como ha de combatirse la acción de la burguesía que absorbe esta parte del proletariado, desviándolo de su cauce.
A grandes rasgos, esta es la situación que guarda el proletariado intermedio, que ha venido siendo instrumento ciego del capitalismo, para oponer una fuerza o por lo menos restarla al gran conglomerado proletario de México y urge que la clase trabajadora inicie su acción evolutiva y deliberadora hacia los empleados, usando de todos los medios para proletarizar la actitud y mentalidad de estos compañeros que quizá hayan venido esperando un momento oportuno para el acercamiento o una definición clara de su situación frene a sus hermanos de clase.
Es preciso que en la lucha por la emancipación del proletariado, la llamada CLASE MEDIA no constituya un obstáculo, no presente un problema que retarde, aunque sea momentáneamente, el avance definitivo de la clase trabajadora frente a la acometida capitalista.

(Segmento del escrito del Maestro Vicente Lombardo Toledano el 22 de Diciembre de 1934.)

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